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Tímidamente, los robots dan sus primeros pasos en las salas de clases chilenas

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Tímidamente, los robots dan sus primeros pasos en las salas de clases chilenas

Si en un principio eran una herramienta para enseñar programación, hoy sus usos se amplían para trabajar contenidos del currículo. Con ellos, los niños aprenden materias abstractas que antes se enseñaban en el pizarrón.

“Es increíble el efecto que se produce en los niños cuando el robot dice sus nombres y les pregunta algo sobre el cuento que acaban de escuchar. Ponen atención y trabajan a gusto”, dice Claudio Garrido, coordinador pedagógico y encargado de informática educativa del Colegio Andrés Bello, de Chiguayante.

Allá están usando 10 robots sociales Sima, creados por chilenos, que pueden mover brazos y piernas para caminar y bailar. Su cerebro -y también su rostro y voz- son un teléfono inteligente que se adosa a su parte frontal.

“Lo usan niños de prebásica para comprensión lectora. Fuimos capacitados para personalizar contenidos; por ejemplo, que lea un cuento y después haga preguntas con los nombres de cada uno de los niños”, agrega Garrido.

Este es uno de los enfoques con que se usa la robótica educativa en Chile. “Es distinto cuando los niños trabajan en un entorno digital o virtual, a cuando lo hacen con un robot social, que es algo concreto y tiene su propia personalidad. Hay más empatía con la herramienta educativa”, dice Virginia Días, a cargo de la implementación educativa de Sima.

El robot dispone de un contenido precargado que puede utilizarse para enseñar las letras, números, colores y emociones a niños en edad preescolar. Pero también puede ser personalizado por los profesores con sus propios contenidos a través de una plataforma fácil de usar y que pueden compartir entre profesores.

Uno de los primeros acercamientos entre educación y robótica se produjo tras el surgimiento de torneos. Desde 2007 se realiza en Chile la First Lego League, campeonato de robótica en el que ya han participado 13.600 escolares.

“Son muy pocos los colegios que usan la robótica dentro del currículo, sino que hacen clases de robótica donde se les enseña la técnica. Nuestra metodología plantea una problemática nueva cada año, la que los niños deben investigar y aprender durante meses. La competencia del robot gira en torno a esa problemática. Ese enfoque, creemos, es más atractivo que aprender robótica como en un fin en sí mismo”, dice Lith Pastén, jefe de proyecto de Spark Talents, fundación a cargo de First Lego League en Chile.

La organización también ha capacitado a profesores para el uso pedagógico de robots. “En el Colegio San Ignacio El Bosque ya se ha usado para explicar cómo es el ciclo del agua y una profesora lo va a usar para enseñar cómo funcionan las neuronas, haciendo una analogía con los robots”, dice Pablo Torres, encargado de Innovación y Tecnología Educativa en ese colegio.

Hugo Martínez, director pedagógico de Colegium, explica que una de las principales ventajas de la robótica es incentivar la motivación de los estudiantes y darle una aplicación concreta a contenidos que regularmente son muy abstractos.

Es fundamental, advierte, que se privilegien actividades exploratorias, donde la indagación sea la forma preferida de aprender. “De ahí que sea necesario que se capacite a los profesores no solamente en aspectos técnicos de robótica, sino que también en el diseño de metodologías donde el protagonista sea el alumno”, agrega.

El profesor Patricio Acuña, finalista en el Global Teacher Prize Chile, hace tiempo que experimenta con la robótica, e incluso ha participado con sus alumnos en torneos de la disciplina. También creó un curso de inducción al tema para profesores en Educarchile. “En la robótica, a diferencia de aprender solo programación, todo es concreto y estás sujeto a variables del entorno. Tu robot tiene que reaccionar a la humedad, al tipo de superficie en que está, a la temperatura. Manejar esas variables y superar desafíos hace que los niños aprendan”, explica.

“Con herramientas como Scratch, un lenguaje de programación sencillo e intuitivo, ya no hay brechas para programar un robot”, dice Patricio Paredes, de Zambeca, empresa de robótica educativa que comercializa los robots Mbot, ya presentes en más de un centenar de colegios.

Los múltiples sensores de un robot posibilitan que los niños se concentren en la experimentación, ya que los datos son recabados por el robot, dice el especialista.

“Lo usan profesores de inglés, matemáticas o física. Hay profesores que hacen que sus alumnos modifiquen variables para que comprendan la diferencia entre movimiento uniformemente acelerado o uniformemente continuo o, por ejemplo, cuando se produce desaceleración. Cambian la fórmula y, luego, ven lo que pasa con el desplazamiento del robot”, explica Paredes.

 

 

FUENTE: EL MERCURIO